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La agradable cena tuvo lugar el pasado martes, 8 de enero, en el Hotel Palacio de Ayete de San Sebastián. Juan Mari Humada, el nuevo cocinero de La Casa de Lúculo, disfrutó preparando un atrevido maridaje para los vinos de ValdeSil.
El menú comenzó con un Bloody Mary con infusiones de berberechos junto a ‘Montenovo 2007’, pasando por una sopa de mejillones para ‘Valdesil 2006’, para llegar a unos sorprendentes callos acompañados por ‘Pedrouzos 2005’. Éste último creó una animada polémica y debate entre los cofrades, por la difícil combinación en contraste.
La cofradía La Casa de Lúculo, fundada en San Sebastián bajo el lema "amistad y sobriedad", constituye un ejemplo aleccionador de cómo dinamizar, promover y popularizar la cultura del vino en el seno de una asociación gastronómica que puede enorgullecerse de acoger los primeros martes de cada mes a las bodegas más significativas de todo el país, en una ágape que rinde homenaje al vino y le busca la mejor compañía.
Esta cofradía que toma su nombre de una de las obras principales del gran escritor Julio Camba data de 1989, cuando se reunió un grupo de amigos con el propósito de construir, mejorar, conservar, promover y propagar todos los productos gastronómicos y enológicos de cualquier clase, preparados con el tradicional sabor y saber que han legado nuestros predecesores.
Años de esfuerzo, paciencia y aprendizaje han pasado desde las primeras cenas cuando no se contactaba directamente con las bodegas, en su mayoría riojanas, y era complicado conseguir que sus responsables se desplazasen a San Sebastián hasta hoy, en que, gracias a una cuidada y precisa planificación, las firmas más reputadas confirman su participación con meses de antelación en un evento donde pocas cosas se dejan a la improvisación. Ilustres nombres como Vega Sicilia, Artadi, Abadía Retuerta, Pesquera, Marqués de Riscal, Murrieta, Fariña, Allende, Can Rafols del Caus o Dominio de Valdepusa, por citar sólo algunos, han pasado por La Casa de Lúculo dejando constancia de su impronta y presentado tantas primicias.
“Largo, amargo, dulce, terroso, mineral, voluminoso, potente, uno de los mejores blancos de España, diferente, personal, graso, sorprendente, elegante…” y un sin fin de expresiones más fueron las que usaron los miembros de esta legendaria cofradía para calificar a los godellos de Valdesil. Sorprendió nuevamente ‘Montenovo’ por su relación calidad-precio, pero el que se llevó todos los honores, como no podía ser menos, fue ‘Pedrouzos 2005’, vino del cual muchos de los cofrades ya habían oído hablar y estaban deseosos de probar.
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