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Data de 1894 es de estilo modernista rural valenciano, y su gran porte y magnificencia le dan aspecto palacial. Todo el conjunto del dominio vinícola Clemente es como un chateau bordoles con una moderna y avanzada bodega (chai) y los bellos patios y jardines que conforman el atractivo valor paisajístico de este pago vinícola.
Pero la casa sobresale majestuosamente sobre el entorno. No era así cuando la familia Clemente adquirió el cerrito de San Blas, poco más que ruinas y la estructura principal. Una voluntad determinista de Emilio y Mari Carmen ayudada por especialistas en bellas artes y un arqueólogo, restauraron pacientemente la casa de forma amanuense, cuidando la autenticidad y el detalle en tallas, frescos y cerámica. Sin olvidar las maderas nobles de marcos y hojas de puertas y ventanas que han sido tratadas en su recuperación de igual forma que su materia. Una restauración épica (que no reconstrucción) con el mismo espíritu con el que fue restaurado el Ermitage de Leningrado después del exterminador asedio que sufrió esta ciudad en la segunda guerra mundial. Se le ha devuelto la pureza de líneas y sensación de dignidad y libertad que siempre conllevo el modernismo, y su uso. Hoy esta mansión forma parte del patrimonio cultural de la Comunitat Valenciana y así debería estar catalogado.
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